El fin del Capitalismo

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(Artículo publicado en Diario16 nº2 Año 2016 http://www.diario16.com)

Un antiguo proverbio chino más a maldición a mi juicio que de consejo dice “Ojala, vivas tiempos interesantes”, esos  en definitiva en los que la estabilidad deja paso a la turbulencias de la historia en los cambios permanentes y cíclicos que en la humanidad se repiten de manera continua como si estuviéramos condenados a la eterna piedra de Sísifo.  Mucho se ha escrito sobre el fin del capitalismo desde que en el año 1867 en su libro  “ El Capital” , Karl Marx hiciera su  famosa  predicción de la muerte inminente del capitalismo. Ese que 150 años después ha sido capaz de sobrevivir y mutar a través de las oscilaciones de su propia crisis llegando hasta nuestros días.  Así y si bien es cierto que el sistema capitalista se ha mantenido hasta nuestros días, no lo es menos que su muerte retardada empezó hace ya algunas décadas cuando la caída del muro de Berlín supuso el fin de la guerra fría y de la lucha de bloques, es el fin del comunismo como contrapeso del propio capitalismo en el que a la postre ha herido de muerte a un sistema incapaz de gestionar su propio crecimiento y expansión, aún cuando para ello allá  tenido que dinamitar la sociedad del bienestar, esa  que a modo de conquista del capitalismo de posguerra  nació del buscado pacto entre clases sociales en los países occidentales con el objetivo de servir fundamentalmente como contraposición al avance del ideario comunista. Hoy , podemos afirmar que el sistema capitalista se encuentra aún una lenta pero inexorable muerte, un fallecimiento que parte en gran medida del éxito del sistema incapaz de seguir aglutinando riqueza y recursos en una espiral de ganancias permanentes que sin distribución están configurando un entorno de crisis social, económica y política. En definitiva , tiempos de inestabilidad en un mar de incertidumbre lógico en un entorno de cambio en donde un modelo económico deja paso a otro, algo que no es único de nuestro presente y que se ha producido siempre en la historia de una joven humanidad en donde  la historia  cíclica  se repite de manera permanente en el tiempo.

Y es que, los datos de la macroeconomía y la microeconomía no dejan lugar a dudas sobre el advenimiento de un cambio de era  en donde  la zombificación de la economía mundial en Europa y EEUU así como en China, Rusia o países como Brasil no dejan lugar a dudas sobre la existencia de varios factores que determinan la lenta muerte  pero seguro del capitalismo, un sistema incapaz de generar riqueza compartida hoy aún cuando los estados buscan desde la intervención en el sistema calentar la propia economía a golpe de endeudamiento público que sólo conlleva a una espiral de inestabilidad. Son estos ejes de la muerte en los que hoy se encuentran las economías del mundo.

Sólo podría salvarse así el capitalismo de su propio final como sistema haciendo frente con éxito a varios factores, por el lado el desequilibrio del sector financiero en relación a otros ámbitos de la economía que provocan enormes deudas y especulaciones irresponsables; los problemas sociales y ecológicos creados por las políticas neoliberales, y por último, las posibles guerras y cambios climáticos. Algo a mi juicio que en ningún caso será abordado con éxito por el capitalismo.

De esta forma, nuestra generación asiste al nacimiento de un cambio de ciclo, de era y de modelo de convivencia en esa metamorfosis permanente propia de la adaptación de una especie que hoy se enfrenta a los retos y desafíos de su propio desarrollo que deberán resolver las incógnitas que trae la nueva revolución  que hará posible que en el año 2040 el 50% de la población activa del planeta  pierda sus empleos por el proceso de sustitución laboral robótica y tecnología, un tiempo en donde Europa se enfrentara  a retos como el del envejecimiento de su población o procesos como el del cambio climático que habrán producido ya entonces significativas transformaciones en nuestro modelo de convivencia y de desarrollo.  Y todo ello, con un marco económico de crecimiento lento en un mundo de turbulencias y de nuevos encajes que nos obligara en el proceso de transformación  y de alianzas público privadas  en un nuevo encaje justo e igualitario de lo que hasta ahora entendíamos como sociedad de bienestar.  En definitiva, podemos afirmar  que hoy más que nunca es el tiempo del socialismo como alternativa al capitalismo, de un socialismo entendido desde la apuesta por las políticas keynesianas de impacto bien orientado hacía los nuevos sectores emergentes capaces de generar riqueza compartida, un socialismo que deberá apostar en las próximas décadas por un modelo de economía social colaborativa y de bien común en donde la cooperación se mostrará como fundamental en los nuevos marcos de relación. Esos  que deberán ser capaces de erradicar el conflicto desde el desarrollo generado con las riquezas compartidas, no por menos es el bienestar el mejor antídoto al conflicto. Pero sobre todo , las democracias occidentales deberán apostar por la innovación como elemento definidor y generador de riqueza diferencial frente a las economías emergentes. Una innovación y una apuesta por el I+d+I que en gran medida sea capaz de anclar el crecimiento económico de una Europa que aún puede estar en condiciones de entender su papel en la globalidad de un mundo en cambio.

Y es que, hoy cuando el pensamiento neoliberal ha dejado a un lado las teorías de la Escuela de Chicago y  de Hayek – esas  que partían del ajuste como solución a la crisis, del recorte como abono a la seguridad del mantenimiento del sistema y del miedo como elemento de control social- es donde la socialdemocracia tiene la oportunidad de transformar la crisis en oportunidad, el proceso será largo y las turbulencias de la inestabilidad del cambio permanentes sólo quedará por ver si somos capaces como humanidad de estar preparados para los tiempos interesantes que nos tocara vivir. Como diría Keynes  no sufrimos hoy el reúma de la edad avanzada, sino el dolor por cambios cada vez más rápidos, un dolor asociado  al ajuste entre un período económico y otro.

En definitiva, hoy ese cambio debe escribirse desde la valentía de enfrentar el momento desde la buena gobernanza y el liderazgo , ese que nos lleve por la senda de las decisiones acertadas y que apueste por la innovación como elemento de riqueza en un mundo nuevo en donde la economía del bien común sirva a la construcción de un nuevo marco de igualdad, libertad y justicia social global.

 

 

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