La ultraderecha llama a nuestra puerta

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Hace muchos años descubrí la memoria histórica de mi tierra, esa que no encontré ni en libros ni en conferencias magistrales en mi época de estudiante. Esa historia de hombres y mujeres, valientes que dieron su vida en defensa de los valores de la democracia, de la igualdad, la fraternidad y la justicia social. Anónimos héroes que soñaron que otro mundo era posible y que el pensamiento fascista y la ultraderecha que había arraigado en Europa tras la crisis económica del 29 debían ser derrotadas para que las generaciones venideras tuvieran un futuro sin miedo ni desigualdad. En aquel entonces las excusas de quienes se proclamaban como salvadores de la patria fueron la corrupción del sistema, la incapacidad de las instituciones para solventar los problemas de una ciudadanía que sufría los rigores de la crisis o el problema de la clase política de entonces. Fueron estos y otros los argumentos que de la mano de fanáticos como Hitler o Mussolini condenaron a millones de personas a la muerte.

Es curioso cómo ahora resuenan en mí las palabras de la viuda del general Tagueña, aquellas que decían que un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla. Y es que hoy, de nuevo como antaño, vivimos un tiempo en donde por doquier la ultraderecha toma forma, un tiempo en donde el fascismo camuflado en proclamas populistas va adquiriendo peso en toda Europa, un apoyo que de no cambiar la tendencia hará que en el Parlamento Europeo el grupo de la ultraderecha logre un importante avance convirtiéndose en una fuerza política de referencia. Hoy de nuevo como antaño la crisis económica azuza las peores pesadillas que las personas podemos albergar, como diría Oscar Wilde. Así, hechos como el ascenso de la ultraderecha en Europa o la persecución de los gitanos en países llamados “democráticos” como Francia o Hungría, con la consiguiente violación de los convenios internacionales de derechos humanos, no vienen más que a reflejar que la ultraderecha vuelve a llamar a nuestra puerta haciendo bailar a su son a todo un Partido Socialista francés que de la mano de un ministro de apellido español, Manuel Valls, recordaría a aquellos tiempos en que Vichy lideraba la Francia no ocupada y se deportaban a los judíos a los campos de concentración nazis.

Es un tiempo de vergüenzas, de esas que uno tiene al ver como quienes deberían alzar su voz frente a hechos como este callan. Pero también es un tiempo de valentía, de alzar la voz y dar un paso al frente para no permitir ni un paso delante de quienes buscan construir un nuevo modelo social desigual y fascista aun cuando lo hagan disfrazados de líderes del pueblo.

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