El Orden de las Cosas

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El 10 de diciembre se celebró el Día Internacional de los Derechos Humanos que, inherentes a la naturaleza de la persona, deben ser defendidos y salvaguardados por las democracias de este mundo. Ese debe ser el orden de las cosas de un mundo que quiera progresar en libertad e igualdad, pues el progreso de una sociedad no se mide por la prosperidad de quien mejor se encuentre sino de quien esté en la situación más débil. Toda democracia debe aspirar a la protección y el progreso del débil, del indefenso, de quien sólo tiene a su alcance la mano del Estado para avanzar. Pero hoy se impone ese orden de las cosas que algunos desean que vuelva a ser lo que fue, donde necesariamente existen quienes lideran desde el poder y quienes obedecen con pleitesía.

Vivimos el anacronismo de medidas políticas de índole conservadora impulsadas por quienes insuflados en su intimidad por un deseo privado, que no público, de volver a esa España del Cara al Sol, grande y libre han visto en la crisis la oportunidad de rediseñar nuestro modelo de sociedad. Sólo así se entiende el deseo empecinado de la derecha de atacar a la universidad pública a través del aumento de tasas y recorte de becas que sólo contribuirá a desalojar del sistema educativo al alumnado de familias de clase media.

En este marco de medidas de recortes y de políticas del miedo adquiere lógica la perversa maniobra de quienes, añorando tiempos pasados, llevan cabo desde el Consejo de Ministros medidas como la privatización de la justicia, que obligara a la ciudadanía a pagar por adelantado si quiere acceder a la tutela judicial efectiva, o el recorte en la inversión destinada a sanidad que junto con la privatización de la gestión de los centros públicos sanitarios sólo contribuirá a liquidar el sistema de salud pública. Hoy debemos desde el ámbito progresista lanzar contrapropuestas a la reformas de la derecha como una legislación que incentive la exención fiscal a emprendedores en sectores productivos, el alquiler social mediante desgravaciones a propietarios de casas vacía, un nuevo sistema fiscal y tributario que impulse la transferencia de riqueza de las rentas más altas a las bajas, medidas que eviten además que las grandes empresas paguen tan sólo por impuestos un 11% de su beneficio mientras las clases medias y las pymes soportan cargas fiscales mayores y agravadas con un IVA de un 21%. En definitiva hoy la ciudadanía debe unirse a una lucha para salvaguardar un Estado del Bienestar en franco peligro de muerte.

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