Los Socialistas No Mueren. Se siembran (Relato participante en el Certamen Fundación Jaime Vera)

Corría el mes de Febrero del año 2003 y el frío dejaba paso en la Vega del Guadalquivir a las primeras flores de colores amarillos , violetas y rojos tan características de la campiña sevillana, una instantánea que a modo de manto recibía a los visitantes que desde la vecina Sevilla se acercaban a visitar esos pueblos ribereños de fachadas de cal blanca y tranquilidad respirada al cobijo de los naranjos que inundaban las calles aledañas al antiguo consistorio republicano, hoy convertido en Biblioteca Pública con el insigne nombre de Ramón Carande. Hacía apenas unos años y tras mi experiencia como delegado de alumnos de la facultad de derecho de Sevilla me había afiliado al Partido Socialista Obrero Español y a las Juventudes Socialistas de España, refundando en la localidad al abrigo de muchos militantes históricos la nueva agrupación de las juventudes socialistas de Tocina-Los Rosales, algo que nos llenaba de ilusión y orgullo, recuerdo aún como los deseos de transformación social de un sistema injusto invadían las tertulias al calor de los carteles de congresos pasados y fotos de la transición española en donde las figuras en blanco y negro de Felipe González , nuestro “Felipe” o Alfonso Guerra servían como padrinos de excepción en tan largas horas de trabajo, acción y reflexión socialista. Aún recuerdo el discurso de compañeros que ya nos dejaron como Antonio Caro Carrera o la dialéctica Académica de Ángel Navía Pajuelo, alcalde desde la democracia en la localidad, pero que nos recordaba más a ese profesor político de nombre Tierno Galván por su docencia innata de pupitre en cada intervención en las asambleas y actos. Por aquel entonces, surgió a raíz de esos debates que tanto nos gustan a los socialistas la idea de organizar un encuentro, un gran encuentro que reuniese en la localidad a diferentes personalidades del ámbito intelectual, político y a todas aquellas personas que lucharon por defender la democracia frente fascismo que recorrió y cubrió Europa como una peste bubónica de tormento y duelo negro, de lágrimas y silencio. De esta forma y con el deseo de hacer posible las que serían las primeras jornadas nacionales sobre memoria histórica en Andalucía se organizaron diversos grupos de trabajo encargados de toda la insfraestructura que un evento de estas características precisaba. Con el paso de las semanas el proyecto fue fraguando y cerrándose todos aquellos aspectos de la organización del mismo, contando entre la lista de participantes con personas progresistas de la talla del presidente de la recuperación de la memoria histórica Emilio Silva, quien por primera vez había solicitado en España realizar la prueba de ADN a los restos de una fosa común en donde su abuelo fusilado en el año 1936 podía descansar, o la del compañero Alfonso Guerra y la escritora Dulce Chacón, quien aunque proveniente de una familia conservadora de Zafra había acabado de publicar recientemente una novela que bajo el título “ La Voz Dormida” , narraba con una sensibilidad brutal la historia de esas miles de mujeres progresistas y republicanas que sufrieron el exilio interior, y entre ellas la de Paquita, una cordobesa de ojos verdes y mirada limpia que le marcó profundamente; aún recuerdo hoy cómo Dulce relataba con lágrimas en los ojos cuando llegaba a su casa- tras entrevistar a todas esas mujeres protagonistas de su libro- sólo le pedía a su esposo que le abrazara fuerte, muy fuerte, al fin y al cabo como diría Dulce las mujeres republicanas sufrieron como progresistas, como mujeres, como madres, como esposas y como hijas ese exilio interior mudo en palabras y de silencio en la mirada de quienes han perdido un sueño y a sus seres queridos entre las tapias del cementerio o las cunetas de los montes. Pero entre todas aquellas personas, historiadoras, políticos, periodistas o escritoras que se disponían a participar en dichas jornadas hubo otras, personas anónimas en los libros de historia de nuestro país que bajo la denominación “Luchadores de la libertad” llamaron la atención de esa docena de jóvenes socialistas que hace nada habíamos recibido un carnet rojo con el anagrama PSOE. De entre ellos llamaron mi atención dos personas, por un lado un octogenario de gruesa presencia y pelo blanco que a modo de zurrón llevaba colgando una bolsa de cuero, antigua y desgastada por los años y de su mano izquierda se apoyaba en un bastón de madera artesanalmente hecho, similar al que llevan los pastores de la sierra norte de Sevilla; se llamaba José Murillo, aunque era más conocido como “Comandante Ríos”; a su lado y acompañándole de cerca como fiel escudero, Francisco Martínez alias “Quico” de cuerpo fibroso, mirada profunda y limpia y estatura pequeña. Tengo que destacar la gran sorpresa que me lleve con Ríos, quien una vez situado en la mesa en donde iba a impartir su conferencia se desquitó de esa carcasa de tercera edad para demostrar que la juventud no es sólo algo que se lleve en el carnet sino un estado interior en el más profundo de nuestro yo. José Murillo se echó al monte con tan sólo 17 años cuando las postrimerías de 1939 marcaban el fin de la cruenta Guerra Civil que había teñido de rojo España, su familia humilde del Viso de los Pedroches en Córdoba había escuchado por un conocido que los falangistas de la zona habían reservado a Murillo plaza en los camiones que noche tras noche visitaban las casas de los llamados Rojos, así entre los crímenes por los cuales se juzgaba a Murillo destacaba el hecho de que su padre -ahora huido en el monte- sabía leer y escribir, siendo la revista El Socialista una de sus lecturas preferidas, lectura que además compartía entre vecinos y vecinas del pueblo, los cuales al no saber leer se dejaban llevar por la voz ronca del pastor visueño que a modo de locutor radiofónico les hablada de emancipación de la clase obrera, justicia o libertad. Durante más de diez años Ríos comandó la Brigada de Luchadores Antifranquistas de Sierra Morena, siendo bautizado como Ríos por su habilidad para cruzar los mismos por la parte más cómoda para las tropas.

Pero la historia de José Murillo no es una bucólica historia de héroes y doncellas, sino una vida de lucha por unos ideales sin renunciar en ningún momento a los mismos, una historia de entrega y compañerismo frente al individualismo de una sociedad como la de hoy, en donde a veces el interés particular prima por encima del interés general en nuestra toma de decisiones. Ríos sería finalmente detenido y la Amnistía otorgada por Franco a la muerte del Papa Juan XXIII evitó su fusilamiento, así el régimen le regaló una condena a cadena perpetua y trabajos forzados que durante quince años llevó a Ríos de un lugar a otro, organizando en cada uno de los sitios donde llegaba un foco de pensamiento progresista en torno a los ideales que su padre le había inculcado desde pequeño cuando pastoreando por las estribaciones de Sierra Morena leían juntos las páginas del Socialista.

A su salida de la cárcel en el año 1964 una nueva lucha comenzó para Ríos: la de la clandestinidad en busca del sueño del advenimiento de la democracia en nuestro país. Él es una persona anónima, una como tantas otras en los libros de historia, una persona con una vida que no será estudiada por mis hijos en el colegio , pero ante todo una persona que me enseñó el significado de una frase de Pablo Iglesias que siempre acompaña a los socialistas: Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes” Así puedo decir hoy que la figura de ese pastor de la Sierra Morena de Córdoba de nombre Ríos y esas jornadas al abrigo de la primavera del año 2003 marcaron la experiencia política y humana más hermosa y formativa que un socialista puede tener en vida, aquella que me hizo comprender que el socialismo no es sólo una ideología sino un modo de vivir la vida, un modo de participar en la sociedad luchando desde el primer día hasta el último contra la desigualdad y a favor de las libertades y los derechos de cualquier persona en cualquier parte del mundo. Y cuando pase el tiempo y personas como Murillo mueran se hará buena esa frase que dice que Los Socialistas No mueren, se Siembran.

http://www.tuhistoriaesnuestrahistoria.es/relato.php?id=241

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