La Coherencia entre el discurso y la Acción

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Decía Pablo Iglesias que los partidos políticos no sólo ganaban seguidores por las victorias electorales que se lograban o el número de representantes elegidos en las diversas cámaras sino aún más por la coherencia de esos mismos, la honestidad entre el discurso y acción era para Iglesias uno de los principales baluartes del pensamiento y el desarrollo de las ideas socialistas.  Es esta la primera de las ideas de este ensayo que quiero compartir con todos/as vosotros/as queridos lectores/as, la fuerza de la coherencia en la acción política como elemento determinante en todo proceso de transformación y cambio social, económico y político no tiene parangón alguno. Con la coherencia de la palabra y la acción, de la idea y el desarrollo de esta en la práctica se logran construir sin lugar a dudas los liderazgos más sólidos en torno a la figura de aquellas personas u organizaciones que desprenden esa esencia que inexorablemente lleva a la ciudadanía a entender que frente a la coherencia decaen las mascaras de la incoherencia y la falsedad de todas aquellas organizaciones o personas que con la apariencia de una falsa honestidad y coherencia intentan lograr diversos objetivos de interés particular que no general.

Hoy asistimos a una pandemia generalizada en la sociedad y que logra su arraigo más deplorable en los centros de poder : Partidos Políticos, Sindicatos, Empresas etc, me estoy refiriendo al virus de la incoherencia, un virus que inoculado de igual forma en el seno de las estructuras de participación política: Sindicatos y Partidos Políticos, ha herido con una profunda estocada a la democracia, hasta tal punto que el retroceso brutal de la participación política año tras año hace posible la desautorización de la misma por los peligrosos pensamiento totalitarios y fascistas que poco a poco logran su espacio en diversos lugares del planeta.

No ha sido el proceso rápido o instantáneo, sino que el mismo ha sido originado fruto de diferentes circunstancias sociales, políticas, económicas y educativas, determinando que el valor de la incoherencia y la falta de honestidad siempre y cuando sean puestas al servicio de los objetivos de interés particular y a la consecución de los mismos responde a la propia naturaleza de un sistema de distribución de la relaciones socioeconómicas insolidario e injusto en el que se ha convertido nuestro planeta,  sistema ante el cual es fácil escuchar a quien señala con sapiencia de salón que las cosas siempre han sido así, siempre han existido grupos sociales o sociedades más favorecidas y aquellas que por el contrario lo han sido mucho menos.

Y de esta forma  gran parte de la estructura socialista del Siglo XIX y XX ha ido sucumbiendo poco a poco en las arenas movedizas de la incoherencia entre discurso y pensamiento y acción política, siempre anteponiendo a dicha coherencia un interés particular de una nación, región o territorio. De esta forma  poco a poco se fueron abandonando aquellas  proclamas que gritaban “Proletarios del Mundo Uníos” y buscaban la internacionalización de la acción socialista para lograr la justicia social en cada lugar del planeta por otras que proclamaban la sociedad del bienestar  y la justicia social para unos pocos.

De esta forma se iniciaba a mediados del Siglo XX con este pacto de ignonimia  el inicio de la incoherencia entre discurso y acción socialista,  el libre mercado y el pensamiento neoconservador eran de esta forma libres para la gestión económica del mundo con las únicas reglas de respetar en los países del llamado primer mundo el sistema de bienestar y servicios públicos generales para toda la ciudadanía. A cambio de este pacto no escrito , el pensamiento socialdemocrata inicio una política internacional de acciones ambiguas que en ningún caso buscaban la resolución concreta de los problemas del mundo de tal índole como : La Pobreza, La Explotación Laboral,  La Falta de Recursos Hídricos o el colonialismo voraz capitalista entre otros , problemas que sólo encontraban y aún encuentran el eco el organismos con tan poca acción ejecutiva como la FAO , el FMI o la ONU,  organizaciones de cara a la galería que en nada o poco contribuyen a la resolución de los problemas reales de los más de 5.000 millones de personas que día tras día pasen hambre en el mundo.

Pero no sólo la falta de coherencia en la acción política es un virus que actúa en la esfera internacional, el mismo también lo hace en la escena política nacional , provincial, regional o local. Y es este hecho el que esta logrando el discenso entre la sociedad civil y los partidos políticos socialistas. Asistimos de esta forma a una perdida de confianza de la ciudadanía en la clase política, perdida de confianza que en el caso de los partidos socialistas o progresistas se ceba en mayor medida al ser los votantes de los mismos  bases que exigen una coherencia extrema y una lealtad a las siglas que se representan y que ante un gesto o un hecho concreto que suponga una ruptura de esa relación de confianza actúan inmediatamente con un alejamiento de los partidos políticos, no sólo en los procesos electorales sino también en la afiliación a sus estructuras como herramientas estas de transformación social, política y  económica. Asistimos pues a una doble realidad por un lado a una transformación en el flujo de participación  de los movimientos progresistas en torno a organizaciones sociales como ongs, Foros Sociales, Asociaciones etc y por otra parte a una acción no participativa e incoherente de aquellos que ven que la realidad que les toca vivir responde a la falta de coherencia y honestidad  actuando de esta forma o bien con una apatía ante la participación política activa o pasiva  o incluso con una acción activa de ataque frontal al propio sistema de partidos alejando el siempre recurrido refrán popular de  Todos los políticos son iguales.

Estos hechos de gran peligrosidad determinan el inicio de una crisis sistemática en los propios procesos de participación pública , crisis que sin lugar a dudas puede ser fácilmente  utilizada por una parte por el pensamiento neoconservador para aplicar políticas de recorte de garantías sociales y derechos y libertades  y  por otra por la  ultraderecha que puede ver en esta debilidad de los partidos políticos de izquierda una perfecta vía de penetración para inocular ataques directos al propio sistema de partidos y el modelo de democracia representativa.

De esta forma la falta de coherencia entre discurso y acción política que parecía haber asegurado una sociedad de bienestar en los países del primer mundo aparece en este momento con riesgo a resquebrajarse por la  propia respuesta directa e indirecta que la ciudadanía de dichos países ha dado ante esa incoherencia.

El nuevo socialismo tiene ante sí el reto de iniciar  una puesta en firme de medidas de carácter interno y externo que posibiliten la visualización de la coherencia entre discurso y acción de los propios partidos progresistas, visualización que debería lograr tres objetivos básicos:

Primero.- La finalización de la ruptura entre la ciudadanía y los partidos políticos progresistas posibilitando un reforzamiento de la propia democracia.

Segundo.- La puesta en valor de la clase política como elemento posibilitador de desarrollo en la sociedad e  imprescindible en el  propio funcionamiento del sistema democrático.

Tercero.- La  regeneración de la participación activa sociopolítica  de la ciudadanía en la sociedad.

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