Una Constitución de 31 años. ¿Reforma o Continuidad?

Han pasado 31 años desde el nacimiento de nuestra Carta Magna, tres decadas en las que la ciudadanía Española ha disfrutado a la sombra del árbol constitucional de las más altas cotas de desarrollo social, político y económico. Durante este tiempo los españoles y españolas hemos visto como nuestra realidad cotidiana se ha transformado de manera nunca antes imaginada y como de esta forma los derechos y libertades soñadas antaño por las generaciones que antecedieron  a  la generación del 78 se han convertido en realidades palpables.

No obstante,  llegado este momento habría que plantearse si es necesaria ya una reforma de la misma, si tras 31 años de vigencia de la Constitución son necesarias llevar a cabo esas reformas que vuelvan a dar una vigencia actualizada a la norma suprema del Ordenamiento Jurídico Español.  De esta forma, tal vez  habría que abordar durante los próximos años una necesaria Reforma de la Ley Electoral a fin de lograr una mayor igualdad entre el voto de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país evitando de esta forma desigualdades como las que actualmente se producen en la obtención de escaños en el territorio nacional y que hacen posible que en determinadas regiones  sean necesarios un mayor número de votos que en otras en donde con un menor número de los mismos se puede obtener el mismo escaño , hecho este que pone en solfa el criterio de la  “Igualdad” que  fundamenta nuestra constitución. Y si bien medidas como la ampliación de escaños del congreso a 400 o la rebaja automática de los mismos por circunscripción electoral de 2 a 1 podrían paliar en cierta forma las actuales desigualdades, estas medidas sólo serían de corte paliativo y no resolutorio. Así , si bien la Constitución hace referencia en su artículado a nuestro sistema electoral como de “representación proporcional” , lo cierto es que las desproporciones  en los resultados electorales son de las mayores que se pueden dar en la esfera internacional. De esta forma, no sólo no se garantiza una proporción real entre los votos obtenidos por los partidos políticos y los escaños obtenidos por los mismos , sino que para más inri nos encontramos ante situaciones realmente dantescas en donde partidos políticos con menos númerosos de votos  en el ámbito del territorio nacional  logran obtener un mayor número de escaños que otros que con un mayor número de votos y arraigo en el territorio nacional ven como sus su representación es muy inferior a la de estos en las Cortes Generales. Este hecho tiene su origen en la asignación de escaños en  las circunscripciones electorales ,así cuando los votos obtenidos por un partido político se acumulan en regiones en donde hace falta un menor número de votos para obtener las actas capitulares  se produce un fenomeno de sobrerepresentación política que casi siempre se visualiza  con  la entrada en el Congreso de un importante número de escaños de los partidos nacionalistas , partidos que posteriormente utilizan una y otra vez dichos escaños como elementos de presión y negociación en los asuntos de índole nacional para hacer posible que desde los partidos mayoritarios cedan a las pretensiones nacionalistas en aspectos tan fundamentales como los Presupuestos Generales del Estado o la Reforma de los Estatutos de Autonomía. Poca o ninguna visión de estado tienen  gran parte de los partidos nacionalistas más preocupados en exigencias de índole territorial que en la busqueda de un interes general del conjunto de la nación.

 

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